La Gazzetta dello Sport
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La Gazzetta dello Sport Todos los partidos de la U en la cobertura de los diarios nacionales, desde el primer encuentro en Concepción hasta la final de la Copa Sudamericana contra Liga de Quito en Santiago, jornada a jornada, tal como se reprodujo en papel. Las Últimas Noticias El Mercurio La Tercera La Cuarta Alfonso Lobato, uno de los directores de la ANFP durante el mandato de Harold Mayne-Nicholls, envió este viernes el siguiente documento a los medios de comunicación. Ahí el dirigente expresa una versión diferente de los hechos que se relatan en el libro “La caída” de Francisco Sagredo, fundamentalmente, sobre la actitud de HMN como presidente, sus acuerdos y desacuerdos con Jorge Segovia, y el desenlace de las elecciones que desataron la crisis de gobernabilidad en el fútbol chileno. Thriller in Manila / documental de John Dower BOXEO / La muerte de un campeón Frazier, la vida en una toallaPor Antonio Sanchidrián / Elmundo.es ![]() En el boxeo, donde se escenifica la lucha por la vida, los grandes campeones se miden por la estatura de sus enemigos. Y si el mundo vio el pánico inyectado en los ojos de Muhammad Ali, ‘The Greatest’, el más grande por los siglos de los siglos, fue porque existió Joe Frazier, fallecido este martes a los 67 años a causa de un cáncer de hígado. El duelo en tres terribles combates entre el maravilloso charlatán de Louisville y ‘Smokin” Joe es uno de los capítulos sobresalientes de la historia del deporte, pero se derrama mucho más allá del cuadrilátero. Ali y Frazier representaban dos maneras de boxear y también dos formas de entender la vida. Se odiaban furiosamente. Se respetaron a la fuerza. Y se perdonaron cuando ya fue demasiado tarde. Al primero le correspondió toda la gloria, era la bella mariposa que bailaba y encandilaba a la masa con esas maneras, mezcla de actor de cine y propagandista político. El otro era tosco, un martillo pilón feo y demasiado bajito para medirse con los pesados de la era dorada. Frazier ha fallecido pobre, con pura melancolía en los ojos y rabia contenida al recordar aquellos días de la década de los 70. Su suerte cambió en Manila y fue por una toalla arrojada como se lanzan las monedas al aire. Y para él salió cruz.
Es conocida la historia de aquella noche del 1 de octubre de 1975, pues se ha contado en mil ocasiones. Era el tercer Ali-Frazier, auspiciado por el presidente Ferdinand Marcos y rodeado de un boato hoy inimaginable para un combate de boxeo. A más de 40 insoportables grados, 14 asaltos estremecedores que resumió Ali con más prosa que poesía: “Fue lo más cerca de morir que he estado”. Repasar las imágenes le dan la razón: el combate de Manila la última frontera del boxeo. Y tal vez, el límite del deporte. A Ali, que subestimaba a Frazier como también despreció a George Foreman, le contaron que Joe llegaba fuera de forma a la pelea. Extraordinariamente inteligente, no se fió. E hizo bien. Desde otra noche, la del 8 de marzo de 1971, la mandíbula de Ali sabía que la izquierda de su enemigo no era asunto de broma. Aquel día, el Madison Square Garden quedó atónito al ver al antes conocido como Cassius Clay desplomarse como un edificio dinamitado. Sucedió en el último asalto, pocos segundos antes de que Frazier diera gracias al cielo por su victoria y por los 2,5 millones de dólares que viajaban directos a su bolsillo. Era primera vez que Ali hincaba la rodilla: “La mejor pelea fue la del año 71, cuando ninguno de los dos había perdido ningún combate todavía. “Fue lo más grande que me pasó en mi vida”, recordaba. Aquello fue recordado como ‘El combate del siglo’, uno más: lo narró Norman Mailer y lo fotografió en primera línea Frank Sinatra.
Casi tres años después hubo revancha, en circunstancias diferentes. Una segunda oportunidad que calentó, magistral, Ali en los estudios de la ABC. En el programa ‘Wide World of Sports’, ambos repasaban el décimo asalto de su primer pleito cuando llegó el directo dialéctico al mentón de Frazier: “Después de la pelea, yo estuve 10 minutos en el hospital… Y tú un mes, Joe”. Ali ganó fuera y dentro del cuadrilátero: el 28 de enero de 1974, venció por decisión unánime, ganándose el derecho a luchar por el título mundial de los pesados con el amenazante George Foreman, quien había pulverizado a Frazier -cuyo reinado duró sólo cuatro peleas- el enero anterior en Jamaica. Pelota muerta, mi columna, empezó a salir formalmente con ese nombre durante la Copa América de 1999. A la fecha, he escrito más de quinientas opiniones en Las Últimas Noticias. A la espera del catastro definitivo, les dejo una selección de mis mejores textos publicados en los últimos cinco años (archivo digital) y al final iré agregando en formato texto algunas piezas precámbricas. Ha habido etapas más prolíficas que otras, siendo, por supuesto, la era Bielsa una fuente inagotable de ideas y motivaciones para fijar puntos de vista, incluido el Mundial de Sudáfrica. Entre todos estos textos, mis regalones son el 2 (a la muerte de Carlos Campusano), el 10 (cuando le pusieron “crá” a Matías Fernández), el 15 (a la muerte de Julio Martínez), el 22 (el gol de Fabián Orellana a Argentina), el 27 (a la muerte de Fernando Cornejo), el 32 (ironía sobre el carro de la victoria), el 36 (dedicado a un personaje de mi infancia), el 42 (a la muerte de Chamaco Valdés), el 43 (reflexión sobre la victoria y la derrota, citada por Bielsa en una de sus charlas), el 64 (triunfo ante Suiza en el Mundial), el 66 (un recuerdo de Roque Máspoli y la Garra Charrúa), el 75 (ironía sobre Mourinho), el 78 (a la muerte de Fernando Riera, destacado en un libro con los mejores textos de 2010), el 83 (homenaje a San Felipe), el 86 (la famosa conferencia del ¿adiós? de Bielsa), el 87 (resultó premonitorio sobre el Colo Colo de Cagna), el 90 (quizás el mejor de todos, sobre Segovia), el 93 (una funesta predicción sobre 2011), el 94 (el partido de Alexis contra el Milan) y los dos últimos de la era Bielsa: el 96 y el 98. Pase y mire. Esteban Abarzúa Índice de columnas (páginas) 01) Aquí yace el pequeño Bielsa (22 de septiembre de 2005) Bonus track: columnas antiguas (1996-2005)
El reino de Cóndor (18 de julio de 1996, la primera) Cóndor es el reino de las avivadas. Allí, en esa tierra lejana al sur del mundo, el fútbol –popular y lucrativo deporte- es el ejemplo más recurrente. Sus dirigentes, por cierto, marcan un estilo especial. Son protagonistas, se dan aires de sapiencia y, a veces, pueden ser buenas personas. El problema del balompié en Cóndor, pese a que goza de una envidiable salud económica, es aquella impulsiva necesidad de avivarse. Sacar ventajas, darse mañas para lograr objetivos. Entre el Equipo Blanco, el Conjunto Azul y la Escuadra Cruzada, los denominados grandes, las peleas se han hecho cotidianas en el último tiempo. El que no llora no mama es la máxima de cada uno y con dicha declaración de principios enturbian el espíritu deportivo entre sus partidarios. Cuando uno de estos tres gana en el campo, los representantes de los otros dos se encargan de restarle méritos a través de los Hombres de Negro, inocentes víctimas de su propia crisis generacional. Pasó el 94 y el 95, entre los azules y los cruzados. Y este año ya se anuncia el mismo asunto. El chaqueteo apunta ahora a los blancos. Que los arbitrajes son parciales. Que este señor cobró un penal imaginario, que anuló un gol legítimo, que expulsó a nuestro mejor jugador, que nos perjudicó. Etcétera, etcétera. La cosa es demostrar, con las más rebuscadas elucubraciones, que se perdió porque los otros fueron más vivos o afortunados en la ruleta rusa de los arbitrajes. La autocrítica es una actitud que los dirigentes del fútbol en Cóndor no practican a menudo. Por eso no saben perder y después se escudan en falacias argumentales. En octubre del 95, meses después del fracaso en la Poca América, se reunieron en un Simposio para el Desarrollo del Fútbol. Mucha pompa, mucho ruido. Frases grandilocuentes y discursos vanguardistas. Para qué. Para mejorar los reglamentos internos, implementar campeonatos más atractivos, generar más recursos con la televisación de partidos, llevar más público a los estadios. Era buena la intención, pero casi nulo fue el resultado. Al Elenco Rojo, donde de vez en cuando se reúnen a regañadientes los tres grandes para representar a Cóndor en el extranjero, en la ocasión le planificaron un trabajo lleno de trabas y largos paréntesis competitivos. Cada uno pensó entonces más en sí mismo que en todos juntos. Las reglas “perfeccionadas”, en tanto, han vuelto a sufrir ante los acomodos y subterfugios. Ahora el Príncipe Azul reclama jugar sus dos partidos como local frente a los blancos. Anuncia que puede llegar a la justicia ordinaria, algo que podría ponerlo cara a cara con la FIFA. El Gran Búfalo Blanco apeló en la mesa de negociaciones al espíritu de los reglamentos, pero apostó por debajo a modificar el fixture del torneo y poder ocupar el Estadio David –inhabilitado momentáneamente por la intendencia- en el hiperclásico contra los azules en la segunda rueda. Toda la polémica se debe a las idiosincráticas avivadas. Lo que es peor, el partido del año será el próximo 24 de julio, en el Estadio Nacional de Cóndor, y las trincheras permanecen abiertas al fuego. El día del encuentro, las galerías estarán llenas de enardecidos hinchas que reclamarán la sangre y la cabeza del rival. Dentro o fuera de la cancha. Habrá heridos, detenidos. Y sólo Dios sabe qué más. Pobre fútbol de Cóndor.
El fútbol en la encrucijada / 1 de diciembre de 1997 De vez en cuando conviene ejercitar la memoria y ponerla a salvo del inmediatismo y su moral de lo provisorio. En Chile se impone a menudo la improvisación. Dicha actitud tiene una etiqueta bien definida: es el echarle para adelante, la inexistencia de planes de trabajo serios y bien pensados. En 1981 un equipo dirigido por Luis Santibáñez se ganó el derecho a jugar en el Mundial de España. Por supuesto, se habló del definitivo despegue del fútbol chileno. Los dirigentes entonces pensaron en grande, le dieron carta amplia al técnico de la Selección para disponer de los jugadores: el campeonato empezaría sólo después de la Copa del Mundo. A la llegada de España, la desazón provocó errores sucesivos. El 83 no hubo descenso. El 84 se jugó con 26 equipos en primera división. Se produjo un enredo con los representantes en la Copa Libertadores. El 86, cuando todavía existía la Asociación Central de Fútbol, comenzó a circular ya el rumor de una liga paralela. El promedio de público en los estadios, lógicamente, descendió. Los clubes, especialmente Colo Colo y Universidad de Chile, golpeados por la inoperancia de sus dirigentes, se endeudaron hasta niveles insospechados entre el 82 y el 86. La U no pudo recuperarse, descendió en 1988. Y el 3 de septiembre de 1989, en Río de Janeiro, el Cóndor Rojas cerró una década marcada por el oscurantismo y las múltiples equivocaciones. En 1997 otro equipo, bajo el mando de Nelson Acosta, se clasificó para Francia 98, tras una década y media de frustraciones. Y en medio de toda la alegría masificada, otra vez se insinúa el desorden. Clubes que no pagan sueldos, huelgas de jugadores, desacuerdos por la televisación de los partidos, entidades que nuevamente amenazan con asociaciones paralelas. Con los millones de dólares que se anuncian como producto de las transmisiones, el fútbol quiere esconder la basura debajo de la alfombra. Curiosamente, hay frases recurrentes que se entroncan con el pasado. En Quilín, durante los consejos de presidentes, hay algunos que todavía señalan un camino de modernización abierto. Las coincidencias con la época oscura, recién en el comienzo de otra etapa, son demasiadas.
Obras de arte / 15 de octubre de 2001 Se dice que hacer un gol en arco propio representa el más aberrante acto de traición que puede cometerse en una cancha de fútbol, una cruel jugarreta del destino que confunde a la naturaleza. Es cosa de acordarse del colombiano Andrés Escobar, en la Copa del Mundo de 1994, en aquella trágica intervención que le costó la derrota a su selección ante Estados Unidos y que, meses después, a él mismo le costó la vida a manos de un hincha termocéfalo en un bar (aunque la versión más creíble es que al zaguero lo mandó a matar un mafioso que había perdido una apuesta de varios millones por su culpa). Existen autogoles fortuitos, en los que el autor participa como mero instrumento de la fatalidad. Ejemplo de eso es el terrible pelotazo en la espalda que recibió Hugo González en 1989, cuando su compañero Fernando Astengo quiso despejar a tontas y a locas una pelota que parecía mansita dentro del área. Entonces Chile y Brasil empataron a un gol en el Estadio Nacional, pero el olor a desastre quedó en el aire y días después el arquero que sufrió esa involuntaria traición terminó traicionándose a sí mismo y a todo un país que durante meses creyó que no se había cortado la ceja para hacer trampa. En sus “Cosas de fútbol”, Francisco Mouat cita a León Cohen, psiquiatra y arquero de la selección juvenil que en 1972 fue a un sudamericano, quien rastrea motivos escondidos en el autor de este atentado a la lógica del fútbol: “El autogol tiene la estructura del lapsus o acto fallido: es la irrupción de las intenciones ocultas… Es lo que hace muchas veces el hipocondríaco”. Por ese rumbo quizás pueden encaminarse errores que apenas se salvan de ser tipificados como delitos. Le pasó al paraguayo Germán Vergara, en aquel perfecto sombrerito de treinta y cinco metros que le hizo en al Loco Fournier en agosto del 90, con el cual la entonces sufrida U de entonces perdió 2-1 en La Serena. Sin embargo, a esta altura puede hablarse de una nueva categoría de autogoles en la historia del fútbol, inaugurada este año por la elegante torpeza de Cristián Castañeda al auto inferirse dos goles similares ante Colo Colo y Wanderers. Son las obras de arte, como las que ayer hizo el cobreloíno Luis Fuentes en Viña del Mar. Aparte de constituir un récord, sensacionalismo barato para quienes miden el juego por su eficacia, tales desmadres tienen el mérito de parecerse como dos gotas de agua, en cabezazos que buscaban golpear la pelota exactamente de la forma en que la golpearon. Acaso en el primero no hubo una ejecución tan limpia, pero cabe constatar que el desafortunado defensor sólo estaba improvisando, lo cual quedó ratificado en la excelencia estética del segundo. Está muy claro que Fuentes dirigió con precisión de francotirador su peinada hacia atrás y el balón cumplió sus deseos con impactante puntualidad.
Recuerdo de D10S / 20 de abril de 2004 Yo vi a Maradona eludir a Beardsley, aún en campo argentino. También lo vi recibir el pase de Enrique, su compañero, pero sobre todo lo vi sacarse de encima a Beardsley y también a Reid, el otro acorazado inglés que lo fue a buscar con deseos de matarlo, pero Maradona salió bailando entre los dos. Era recién el primero de los once segundos más sublimes en la historia del fútbol, los once segundos en que Diego se demoró en inventar un gol que será recordado hasta que el último estadio siga en pie: el 2-0 contra Inglaterra, el 22 de junio de 1986 en el Azteca. Lo vi desde mi casa por televisión, claro, como millones en todo el mundo. Yo tenía quince años y lo vi escaparse del pobre Reid y también de Butcher, el enorme central a quien en realidad fue a buscar, y aceleró luego hacia el insensato de Fenwick, que apenas lo vio pasar por el callejón del ocho. El gol, Maradona quería el gol, a esa altura con tres defensas a su espalda. Butcher, Fenwick y Stevens, que se había cruzado irracionalmente desde la derecha con cara de mascota abandonada. Y luego el arquero Shilton, viejo perro, saliendo de su guarida a lo que fuera, empeñado en cerrar los ángulos de remate que Maradona descubría con facilidad de boy scout. En la gambeta final la tierra se abrió, Shilton quedó en el limbo y el arco creció como un corazón. Desde atrás, en la última milésima, Butcher tiró su hacha con desesperación, pero el pibe argentino ya estaba empujando la pelota con su pierna zurda hacia la epopeya. Todo esto yo lo vi, no me lo va a contar nadie, y hay días en que ando sensible y vuelvo a escuchar el rasgado relato de Víctor Hugo Morales, esa voz extática que dijo “barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés?”, y una o dos lágrimas no invitadas vienen a mis ojos, la discreta nostalgia de un hombre que sabe que algún día se va a morir. Yo lo vi, usted lo vio, todos lo vimos ganar esa copa y hacer otras jugadas de profeta, mejores que las de Pelé, ese rey amaestrado por el poder. También lo vimos meterse donde no debía, o quizás donde el natural deseo de sobrevivir no lo aconsejaba, una especie de suicidio en capítulos que parece sacado de otra historia. Pero es parte de la misma historia, una parte de nuestra historia. La mía y la suya.
Suplementos conmemorativos de la prensa española a un año del título obtenido por la selección de Vicente del Bosque en Sudáfrica 2010. El Mundo Open publication - Free publishing Pese a los éxitos obtenidos en los últimos años, con títulos que van desde la Copa Davis al Mundial de fútbol, el deporte español enfrenta hoy una severa crisis de financiamiento, sobre todo a nivel de los clubes. En el fútbol la situación es grave: se habla de una deuda de 4.000 millones de euros y, derechamente, del fracaso de las sociedades anónimas deportivas. Reportaje del diario Marca. Open publication - Free publishing ¿Qué tan bueno era el Boca Juniors de Batistuta y Latorre? El equipo dirigido por Óscar Washington Tabarez llegó a la semifinal de la Copa Libertadores de 1991 después de eliminar a Corinthians (octavos de final) y Flamengo (cuartos de final). Estos triunfos, precisamente, despertaron el entusiasmo de la prensa argentina, que erigió a los xeneizes como candidatos al título. Primer tiempo: descargar Segundo tiempo: descargar Transmisión: Canal 9 de Argentina
Ese día se enfrentaron Universidad de Chile y Universidad Católica en el Estadio Nacional. Los equipos de Socías y Pellegrini. Estaban igualados en puntos y, contando ese partido, faltaban cuatro jornadas para que terminara el campeonato. Mucho se habló y mucho se lloró también, antes, durante y después del partido. Actores principales: Marcelo Salas y Néstor Gorosito. Villano invitado: Carlos Robles Mella. Primer tiempo: descargar Segundo tiempo: descargar
Esta es la última entrevista a Rosenery Melo, publicada en Las Últimas Noticias el 3 de septiembre de 2005, páginas 20 y 21. Si a esa altura había algún misterio relacionado con los sucesos de 1989 en el Maracaná, ahí quedaron definitivamente aclarados. Melo, conocida como la Fogueteira desde que decidió lanzar la bengala que cambió la vida del Cóndor Rojas, murió este fin de semana en Rio de Janeiro a causa de un aneurisma cerebral. Open publication - Free publishing
El partido que los colocolinos estaban esperando: el duelo entre Boca Juniors y Colo Colo en el estadio La Bombonera, el 16 de mayo de 1991, válido por las semifinales (ida) de la Copa Libertadores de América. Por diversos motivos, este material no estaba disponible en Chile y hubo que recurrir a un coleccionista de Boca para poder acceder, por fin, al encuentro en que los albos terminaron festejando el resultado pese a la derrota. Ellos sabían que el 1-0 lo iban a dar vuelta en Santiago. Fue, por supuesto, la noche en que el Chano Garrido hizo que los hinchas rivales aplaudieran una de sus jugadas más famosas. La transmisión corresponde al Canal 9 de Argentina, con el relato del Bambino Pons y los comentarios de Fernando Niembro. Sí, en esos días ya juraban que sus equipos eran el ombligo del mundo. Primer tiempo: descargar (premium) / Parte 1 – Parte 2 (normal) / Ver online Segundo tiempo: descargar (premium) / Parte 1 – Parte 2 (normal) / Ver on line
El 22 de mayo de 1991, en el estadio Monumental David Arellano, Colo Colo enfrentó a Boca Juniors. El equipo de Mirko Jozic les ganó 3-1 a los argentinos, con Batistuta en sus filas, y se clasificó a la final de la Copa Libertadores por segunda vez en su historia. Ésta, sin embargo, sería la vencida. Primer tiempo: descargar Segundo tiempo: descargar
Reportes de la prensa 20 años después Open publication - Free publishing |
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