El tiralevitas de Bonvallet
Por EAA
La mitad de Chile, o más, supuestamente está llena de chantas, picantes, rotos, ignorantes y resentidos, entre otros adjetivos del mismo origen. ¿Quién lo dice? Oh, sorpresa: un periodista deportivo. ¿Con qué derecho? Con el que le dan sus años de estudio (supongo que con buenas notas), su gran labor profesional en diferentes medios y, por cierto, sus conexiones al más alto nivel.
Por supuesto, no es un periodista deportivo común y corriente, porque él mismo ha repetido varias veces que el gremio, igual que el país, está lleno de chantas, picantes… Sí, y todo lo demás. Dato importante: él, con mucho orgullo, declara haber trabajado con Bonvallet, el Gurú, y hoy se cree con la suficiente capacidad de llegar a las masas para ocupar, humildemente, su lugar.
En estos días él habló de Almonacid. El ciclista Patricio Almonacid, un pobre chileno que metió las patas al decir una sarta de tonteras tras su participación en los Juegos Olímpicos de Beijing y quien, por esas cosas de la vida, se convirtió en cabeza de turco de una discusión que no apunta a nada, salvo a proyectar las propias frustraciones de quienes participan de ella: amparados en su ignorancia (vaya novedad) algunos comunicadores quieren más medallas, más deportistas de elite y un país deportivo que se pare de igual frente a las grandes potencias planetarias.
Detrás de todo esto hay una discusión más potente. Respecto del ciclismo, por ejemplo: cómo se (des)financia este deporte en el día a día, cómo se consigue más apoyo para los clubes, que son los que sustentan la actividad y, especialmente, de qué manera se puede mejorar la imagen de una disciplina que en el pasado dio buenos especialistas.
Hay quienes ahora mezclan nepotismo y ciclismo. Usan a Gonzalo Garrido y Víctor Garrido para criticar la designación de los representantes nacionales en los Juegos Olímpicos. Se quiere hacer aparecer esto como la fuente de todos los males. Vaya uno a saber, pero el apunte revela también otra ignorancia: el ciclismo no habría sobrevivido tantos años si algunas familias no le hubieran puesto el hombro, desde los Masanés hasta los Garrido. ¿Se sabe cuántas veces un Tormen fue técnico de otro Tormen? ¿Y los Bretti?
Pero el problema de hoy no es el ciclismo, y menos Almonacid, que ya tienen de sobra con sus propias miserias, sino el enfoque que hoy se hace del deporte y cómo ha bajado el nivel del debate, en primer lugar por culpa de una opinología torpe y egocéntrica que le ha puesto tremendos obstáculos a la crítica seria e informada.
Aquí es donde vuelvo al personaje en cuestión, el tiralevitas de Bonvallet, quien ha ocupado tres columnas para hablar de Almonacid. Todas llenas de errores, imprecisiones, flojera a borbotones y, cómo no, usadas para defender la imagen que el autor tiene de sí mismo (¿Dios?). Peor aún, a las columnas, muy mal escritas, con un pobre estilo discursivo, hay que agregarles decenas de minutos en radio y televisión. ¿Para decir qué? Que ese tal Almonacid es un chanta y que Chile está lleno de chantas, en contraposición seguramente al Chile de los niños decentes-limpios-perfumaditos-serios-trabajadores-cultivados.
¿Tiene esto un límite? Me temo que no, que esto recién comienza.


Lo de Almonacid lo encuentro pésimo. Dos puntos muy importantes a mi parecer, uno la mediocridad a la que se puede llega preparandose cuatro años para tener un fin de marketing como meta. Lo otro, no deja de ser más que el fiel reflejo del poco apoyo en este país hacia los deportistas; no se trata de no ser capacez de generar deportistas competentes, sino la falta de apoyo hasta en la más mínima rueda de competición. Gran parte de las veces comparto opinión con don Bianchi. Saludos.